miércoles, 14 de agosto de 2013

"Decidió que había llegado la hora de escapar."



Libre. Esa era la palabra que ocupaba toda su mente, la que producía un terrible eco en su cabeza, la que no podía dejar de pensar en todo el día, la que siempre había soñado hacer,… Esa era la palabra que lo resumía todo. Ella, una chica normal, del montón, atrapada en aquella sociedad tan cruel que la pisaba cada día. Solo podía escapar de ella por la noche, cuando dormía, solo en sus sueños. Y nunca quería despertar, nunca, porque sabía que si despertaba, volvería a estar atrapada de nuevo en aquella terrible sociedad. Pero no podía quedarse atrapada tampoco en sus sueños. Necesitaba vivir, salir, divertirse, no tener preocupaciones, no volver a llorar nunca más por la culpa de los demás, tenía que reír, bailar, viajar, ser feliz…Necesitaba ser libre por fin.

Siempre escondía su cabeza entre sus alas cuando tenía miedo, cuando algo le salía mal, cuando tenía ganas de morir. Casi todo el día estaba acompañada por su familia, por sus compañeros de clase, por sus amigas… Pero aún así, se sentía sola. En realidad no tenía a nadie con quien poder hablar, con quien poder contarle sus penas y sus tormentos, no tenía a nadie de confianza. Para ella ya no existía la felicidad. Todas sus sonrisas eran falsas, prefería sonreír en vez de dar tantas explicaciones. Era buena persona. Había algunos que la admiraban por como era, y otros que la odiaban por el mismo motivo. Y eso le dolía. Le dolía que las personas la odiasen, la pisasen, y la insultasen por ser buena persona, por callar las cosas, por no montar peleas, por preocuparse más por los demás que de sí misma. Pero ella no cambiaba, no podía. Ella trataba a las personas como le gustaría que la tratasen a ella, a pesar de que algunos no se lo merecían. 

Pero un día, decidió que era el momento de despertar de aquella pesadilla. Decidió que había llegado la hora de escapar. Se secó aquellas lágrimas que siempre le recorrían el rostro, sacó su cabeza que se encontraba ocultada por sus alas y se puso en pie. Respiró, pensó en lo que estaba apunto de hacer, e inspiró. Por primera vez, tenía una sonrisa en la cara verdadera. Se sentía feliz, y sobre todo fuerte. Y dio un paso hacia delante, firme, valiente, segura de sí misma. Ya no le importaban las burlas; ya no le importaban los insultos, ni los rechazos, ni los malos comportamientos, ni su soledad. Ya no le importaba nada. Solo le importaba conseguir ser feliz de una vez por todas.
Para ella, había llegado el momento de ser libre.