domingo, 2 de marzo de 2014

« Cascos, música, libros… y libertad. »



Nada más llegaba a casa después de un duro día de instituto y lo primero que hacía era coger sus cascos, su móvil, su libro favorito y su bicicleta. Luego montaba en ella, buscaba su canción favorita y se sumergía en la dulce melodía mientras se dirigía a la colina del árbol solitario que había a la salida del pueblo. Sin duda aquella colina era para ella el mejor lugar del mundo, donde podía estar sola y únicamente con su música y sus mundos de fantasía. No había nada mejor en el mundo que eso, un buen lugar para estar con un buen libro y una buena canción… eso era el paraíso. Mientras montaba en su bicicleta, el viento le acariciaba suavemente las mejillas, y le susurraba dulcemente al oído a la vez que el sonido se mezclaba con la melodía de su canción. Cuando llegaba a la colina, colocaba la bicicleta aún lado y se acurrucaba a los pies del gran árbol junto con su libro y su música. Y pasaban los segundos, los minutos y las horas, y ella no se percataba de que el tiempo seguía. Estaba tan sumergida en su paraíso que le daba igual todo lo que pasase a su alrededor. Su mundo era solamente su libro y su buena música. Lo demás solo era el mundo de los demás, no el de ella. No le hacía falta viajar más lejos de donde ya se encontraba, ya que tenía todo lo que le hacía falta. Aquel libro le podía transportar hacia el lugar y la época que ella deseara. Y aquella música era su fiel compañera que jamás de los jamases la abandonaría por nada de lo que pasase. Ella era feliz así, en su mundo ideal. Quizás esa era una de las razones por la que los demás la trataban como una “chica rara”, porque ella era diferente a ellos.
A los demás le gustaban las fiestas hasta las 9 de la mañana , beber hasta no ser persona, la adrenalina que se segrega tras una pelea , la locura de hacer cosas sin pensar , el tabaco, las malas formas,…
Para ella, su fiesta era cada página que leía, su bebida cada canción que oía, su adrenalina el viento acariciándole las mejillas, su locura caminar sin rumbo alguno, su tabaco la inspiración del olor a libertad…
En su día a día estaba completamente sola, nadie quería estar con ella. Pero realmente le daba igual, porque al llegar a casa le estaba esperando su bicicleta, su libro, sus cascos y su música. Y aquello era lo que verdaderamente importaba, que ella era feliz así.
No iba a cambiar por complacer a nadie porque… ¿ si ella era feliz en su mundo de fantasía, para que cambiar?

Que nunca nadie te diga qué puedes y qué no puedes hacer, porque es tu vida, tu forma de disfrutar del mundo. Es tu fantasía y tu felicidad, no dejes que nadie se interponga en tu camino. Si hay algo que realmente te hace feliz, persíguelo y no lo dejes escapar, aunque los demás te digan lo contrario.
Solo tienes que creer en ti.