domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo X- Palabras con el poder del dolor



Día a día, los insultos han pasado a formar parte de nuestro vocabulario. Cada vez que nos enfadamos o algo nos sale mal siempre acabamos insultando, ya sea a quien sea, pero lo acabamos haciendo. Es algo espontáneo, y a veces los decimos sin darnos cuenta. Estamos tan acostumbrados a escucharlos y a decirlos que en ocasiones no somos conscientes de ello, ni tampoco nos fijamos en el dolor que podemos causar con ellos, ya sea queriendo o sin querer. Las palabras pueden llegar a tener más dolor que veinte puñetazos, sobre todo si la dice una persona importante para nosotros.
Pero para el quien lo dice solo es un insulto, “una broma” o una palabra sin significado, pero para quien lo recibe es lo que le quita las ganas de todo. Insultar no nos hace mejores, sino todo lo contrario. Insultando a una persona ,ya sea por su físico o no, no llegarás a ser mejor que ella. Cada uno es como es, con sus virtudes y defectos, y tenemos que aprender a respetarnos tal y como somos. A veces, las palabras “sin ofender” significan: “quiero insultarte pero sin que te enfades conmigo”, pero todo sería mejor si nos ahorrásemos tantos insultos, porque al fin y al cabo, ¿qué se gana con ellos? Nada, absolutamente nada, excepto mucho dolor para la persona que los recibe.
A nadie nos gusta que nos insulten. Con ellos solo conseguimos destrozarnos por dentro y sentirnos peores. Tardas segundos en insultar a una persona, pero quizás a ella le llevará toda una vida para reparar ese dolor. Por eso, piensa bien antes de insultar.