domingo, 30 de junio de 2013

Capítulo VIII- Promesas



Hoy día, las promesas son simplemente palabras que han perdido su valor y que no tienen ningún significado. Hasta un “Hola” ha llegado a tener más valor que una promesa. Antes, cuando te prometían algo, lo hacía de verdad, y aquella persona hacía lo posible para hacer realidad lo que prometió. Ojala hoy siguiera igual.
Ese tiempo que desperdiciamos haciendo promesas deberíamos utilizarlo para comenzar a cumplirlas. Y todo sería mejor si las personas prometiéramos menos y demostrásemos mucho más. Duele ver que cuando te hacen una promesa, puedes esperar el tiempo que sea, pero sabes que nunca se podrá hacer realidad, porque esa persona olvidó lo que te prometió o no se esfuerza en conseguirlo. Las promesas no tienen ningún valor hasta que se cumplen. Cuando le recuerdas a alguien lo que en un día te prometió, te das cuenta de que lo que dijo solo fueron palabras sin sentido. No sé lo que es peor, hacer tantas promesas o creérselas…
Pero al igual que no puedes pedirle a un niño que se comporte como un adulto, tampoco puedes pretender que alguien entienda el daño que estás sufriendo por una promesa rota si esa persona no ha pasado por lo mismo que tú.
Las conversaciones viejas te enseñan que las promesas no se cumplen, y que un “no te quiero perder” es igual a un “te olvido mañana“.
Las promesas pueden significar cualquier cosa, pero cuando no se cumplen, no significan nada; y lo único que cumple la gente hoy en día son años, y no promesas.
Por eso, no hagas ninguna promesa a nadie si sabes que no la puedes cumplir. Te ahorrarás hacerle daño a esa persona.